viernes, 30 de noviembre de 2007

Endurecerse sin perder la ternura

“Crezcan como buenos revolucionarios.
Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.
Carta del Che a sus hijos.

Por María Claro


¿Qué de nuevo se puede decir del comandante Ernesto Che Guevara? Cuando los diarios del mundo, sociólogos, periodistas, escritores, antropólogos, investigadores, artistas, políticos han derrochado tinta, lápices y horas en los medios de comunicación pareciera que ya está todo dicho.
¿Será tan fuera del orden social hablar de Ernesto Guevara, nacido en Argentina y de nacionalidad internacional?
Parece que era un revolucionario y que cayó luchando como un héroe antiguo… Parece que luchaba por una mayor distribución de la riqueza… Parece que la prensa burguesa, deseosa de eliminarlo, aún a riesgo de desmentirlo día a día, proclamó que había muerto en Guatemala, Santo Domingo, Vietnam… Pero no. Lo mataron en Bolivia. Y cuentan que lo asesinaron cobardemente, a quemarropa, y que sus verdugos tuvieron que emborracharse hasta la inconsciencia para hacerlo… Tenían que alcanzar un estado de bestias humanas…
Hace poco, más exactamente el 9 de octubre, se cumplieron 40 años de su muerte…
Parece ayer cuando en la década de 1970 teníamos morrales, posters, broches, remeras con la cara del Che, ese retrato de la boina con la estrella y esa mirada fija en el horizonte. Cuentan que esa imagen fue obtenida por Alberto Korda en 1960, durante un funeral. Era un día de rara luz neblinosa y el fotógrafo tenía una leica cuyo obturador estaba sensiblemente rayado. El Che se había alejado de la comitiva oficial, aquejado por uno de sus típicos ataques de asma y mientras se recuperaba fue capturado por la cámara y su imagen inmortalizada para siempre.
Entonces nos inspiraba su rostro y su lucha. Pero más aspirábamos a ser como el Che… un hombre nuevo.
¿Por qué endurecerse? Endurecerse como el quebracho, de dura madera que no se cae ni se tuerce a pesar de las inclemencias del tiempo; endurecerse en el significado más primitivo de la palabra era aspirar a ser cada vez más sólidos en nuestras ideas y nuestra moral y que la sangre que corría por nuestro cuerpo como la savia hace al árbol fuera inquebrantable, que nuestros ojos no se cerraran al ver la injusticias, que nuestros oídos sepan escuchar un grito de dolor y que nuestra boca pudiera explicar todos nuestros propósitos: hacer la revolución, cambiar el orden, repartir la riqueza y tener coraje, no curvar la espalda, ante una batalla perdida, no quebrarse.
Había que endurecerse para no ser infatigable y dar un paso más allá de lo posible. Era no claudicar ante nadie, ser coherente ideológicamente, predicar con el ejemplo, amar la vida…
Endurecerse era un esfuerzo conmovedor… sin perder la ternura era acercarse con afecto, era mirar con franqueza y sonreír inocentemente, era una mano extendida en silencio, un abrazo necesario para calmar una pena y una palabra para levantar el ánimo.
Hoy, cuando la consigna es escalar dos y tres escalones en poder con mentira y especulación, el Che proponía crear dos, tres, muchos Vietnam; cuando está instalado el doble discurso, la traición, la indiferencia; cuando los uniformes verdes nos sobresaltan; cuando la Iglesia no se arrepiente; cuando la feroz competencia individual es el único estímulo posible para la evolución; cuando todo el tiempo nos hacen creer una cantidad de cosas que son prescindibles, como la solidaridad, la honestidad, la austeridad, la valentía y la ternura desparramada, hoy más que nunca te recordamos Comandante. Y como dice el poeta Juvencio Valle: “Un héroe de su talla y de su temple no se merecía una muerte tan miserable y tan cobarde… frenéticos de oler en el aire tibio la sangre pura… y ahí afronta su destino cual memorable estatua de dignidad”.

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