martes, 9 de octubre de 2007

En un fallo histórico, el cura Von Wernich fue condenado por crímenes cometidos en el marco de un genocidio

El ex capellán de la Policía Bonaerense Christian Federico von Wernich fue condenado a reclusión perpetua por siete homicidios, 34 secuestros y 31 casos de torturas cometidos el marco del genocidio ocurrido entre 1976 y 1983 en la Argentina. El fallo es histórico porque es la primera vez que la Justicia argentina encuentra culpable por crímenes cometidos durante la dictadura falla contra un miembro de la Iglesia Católica. En la lectura del fallo, el cura concordiense se mostró inmutable y luego fue conducido, esposado, al penal de Marcos Paz.
Después de tres meses de proceso oral, el Tribunal Oral Federal Número 1 de La Plata -integrado por Carlos Rozansky, Horacio Insaurralde y Norberto Lorenzo- condenó al confesor del represor Ramón Camps por considerado partícipe necesario en la privación ilegal de la libertad agravada de 34 personas y coautor de la aplicación de tormentos agravados de 31; y coautor de la privación de la libertad agravada y del homicidio triplemente calificado de siete personas. Se consideró que se trata de “delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar en la Argentina entre 1976 y 1983”, y se fijó una pena de reclusión perpetua, que es la máxima que establece el Código Penal.
Eran las 19.39 del martes 9 de octubre. Von Wernich había entrado nueve minutos antes, detrás de seis miembros del servicio penitenciario. Uno de ellos le sacó las esposas y el hombre se sentó tras el vidrio blindado especialmente preparado para este proceso. Como en todas las (pocas) oportunidades que se hizo presente en el recinto, llevaba un chaleco antibalas y el cuello que lo identifica como sacerdote. Un crucifijo, detrás de los magistrados, presidía la audiencia.
La lectura de la sentencia fue corta ya que los fundamentos del fallo de los jueces Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde se conocerán el próximo 1° de noviembre. Pero Von Wernich tuvo que escuchar los nombres de todas sus víctimas. Mientras Rozanski leía los hechos por los que estaba siendo condenado, el ex capellán bajo la mirada. Y cuando el juez mencionó la palabra “genocidio” fue interrumpido por los aplausos del público.
El cura se mantuvo imperturbable. Fue sacado de la sala bajo un escudo de los penitenciarios mientras el público festejaba a los gritos. “Ahora, ahora resulta indispensable aparición con vida y castigo a los culpables”, se escuchaba mientras algunos se paraban en las sillas y levantaban pañuelos blancos con la cara de Jorge Julio López, el testigo que desapareció después de declarar contra el represor Miguel Etchecolatz.

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