lunes, 19 de noviembre de 2007

Homenaje a la familia Amestoy a 31 años de la Masacre de la calle Juan B. Justo

A 31 años de la Masacre de la calle Juan B. Justo, se realizó en San Nicolás un emotivo homenaje para recordar los crímenes de Omar Amestoy, su esposa María del Carmen Fettolini, sus hijos Fernando, de tres años, y María Eugenia, de cinco, y Ana María del Carmen Granada, en un operativo conjunto entre militares y policías federales y bonaerenses. Familiares e integrantes de organizaciones de derechos humanos encabezaron el acto en reclamo de justicia del que también participó Manuel Gonçalves, el único sobreviviente del hecho. Además, la familia Amestoy colocó una placa en el cementerio de Nogoyá en la que se reclamó por “memoria, verdad y justicia”, ante la presencia de amigos y compañeros de Omar y Pochi.
En la Plaza de los Inmigrantes, en San Nicolás, se desarrolló por tercer año consecutivo un acto donde hubo distintas actividades artísticas coordinadas por la Juventud de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Grupos musicales y obras teatrales dieron marco al homenaje en memoria de las víctimas de la denominada Masacre de la calle Juan B. Justo, en la que fueron asesinados cuatro entrerrianos.
A pesar de la inestabilidad del tiempo, que obligó en un momento suspender la actividad, la jornada tuvo la presencia del numeroso público que concurre al paseo costanero de la ciudad. Luego continuaron los actos en el local de CTA, entre pizzas y alguna bebida.
El Grupo de Teatro del Hogar de Día Cooperanza presentó una obra dirigida por Víctor Cisterna. También actuaron varias bandas locales, como Becuadro, La Usurpada y otras; y entrada la noche, alumnos de la Escuela Media Número 3 de San Nicolás, que realizaron la investigación y el video documental No nos han vencido para el Programa Jóvenes y Memoria de la Comisión Provincial por la Memoria, dieron testimonio del trabajo realizado en el transcurso del año y que fuera presentado recientemente en el Encuentro de Chapadmalal.
“A cada paso en la Justicia, damos otro por la memoria. Ojalá el año próximo, para esta época ya estén condenados los responsables y después de tanto sembrar memoria, finalmente cosechemos un poco de justicia”, afirmó el dirigente del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), José María Budassi, que también padeció en carne propia el horror de las botas y los fusiles.
En las primeras horas del 19 de noviembre de 1976, las fuerzas de seguridad llegaron con tanques, camiones y un arsenal de armas; cerraron el paso a tres cuadras a la redonda para impedir que los vecinos puedan acercarse a la zona e irrumpieron en la casa de calle Juan B. Justo 676. Una veintena de efectivos ingresó a los tiros a la vivienda. Primero fue asesinada Ana María del Carmen Granada estando ella en un rincón, con las manos levantadas, suplicando a su matador que no lo hiciera. Las balas también alcanzaron a Omar Amestoy y María del Carmen Fettolini, ambos oriundos de Nogoyá. María Eugenia y Fernandito murieron en el baño, ahogados por los gases lacrimógenos que habían sido lanzados desde la claraboya por los represores. Manuel, que pudo esquivar entre las sábanas los balazos que impactaron en el ropero en el que su madre buscó protegerlo, fue internado y a los pocos meses dado en adopción. Recién pudo conocer su historia y recuperar su identidad en 1995.
Omar Darío Amestoy era el mayor de cuatro hermanos nacidos en Nogoyá. A los 17 años terminó el secundario y se fue a estudiar a Santa Fe. Primero intentó Ingeniería Química, pero enseguida abandonó la carrera y comenzó a estudiar Derecho. A los 23 años se recibió de escribano y se volvió a su ciudad, donde lo esperaba María del Carmen Fettolini, su novia desde la infancia y con quien se casó al poco tiempo. Ella era una de cinco hermanos de una familia que vivía sin sobresaltos y había sido una de las primeras maestras jardineras y trabajaba en el Colegio del Huerto.
En 1969, Amestoy se hizo cargo del Registro de la Propiedad del Automotor de Nogoyá. Para ese entonces, Omar era también un activo militante barrial de Nogoyá, donde realizaba una ardua tarea de militancia barrial, en una ciudad en la que las necesidades eran muchas. “Se sacaba el saco y se iba a trabajar a los barrios”, cuentan sus familiares. A la llegada de la dictadura, huyeron primero a Paraná y luego cruzaron a Santa Fe, hasta que se instalaron en San Nicolás, donde fueron asesinados.
Por lo pronto, sólo dos represores permanecen procesados y detenidos: el teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant -de 72 años e imputado por 147 desapariciones de personas, 27 secuestros y torturas, robos, apropiaciones de menores y asesinatos, entre ellos el homicidio del obispo Carlos Ponce de León- y el entonces jefe de la Policía Federal, comisario Jorge Muñoz -que poseía especialización en temáticas de represión de guerrilla urbana y había dictado cursos sobre ello en distintas unidades del Ejército Argentino-. En tanto, el policía Carlos Alberto Azzaro, que confesó haber asesinado a Granada, tiene actualmente una falta de mérito. El fiscal federal Juan Patricio Murray solicitó las detenciones del ex comisario Fernando Meneghini y el ex subcomisario Omar Marelli. Pero en el hecho hubo por lo menos 20 personas involucradas que no han podido ser identificadas todavía.

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