Falleció María Antonia Lobariñas
Un hondo pesar generó el fallecimiento de la incansable luchadora María Antonia Goñi de Lobariñas (foto). Aunque oriunda de la provincia de Buenos Aires, vivió gran parte de su vida en Paraná, donde integró el primer grupo de madres que comenzó a reunirse en la Iglesia del Carmen, integró también la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y hace unos días su nombre apareció entre los candidatos a convencionales constituyentes del Frente Amplio para la unidad Latinoamericana (FRAL), con el menor de sus hijos, Guillermo.
El fallecimiento de María Antonia se produjo el sábado 15 de septiembre en Paraná. Tenía 88 años y aunque había nacido en Mercedes -donde cursó sus estudios primarios y secundarios, en el seno de una familia de raigambre vasca-, desde 1947 vivía en la capital entrerriana.
“Cuando empezó la dictadura sentí la necesidad de hacer algo. Antes no tenía militancia, pero ya mis ideas eran socialistas, estaba concientizada e informada. Yo era muy creyente me habían educado en un colegio de monjas, pero tenía un primo abogado y socialista, que empezó a pasarme literatura y me convenció. Realmente, asumí el socialismo como parte de mi creencia cristiana. Yo veía que el cristianismo tenía mucho de socialismo. Manolo (su esposo Manuel Luis Lobariñas, oriundo de Galicia y llegado al país con 16 años en 1935), que era republicano, hizo su aporte con material sobre la guerra civil española. Más me convencí. Las ideas políticas fueron las primeras que nos unieron, nos entendimos muy bien”, contó Lobariñas hace unos años.
Tal vez eso la acercó a militar por los derechos humanos durante la dictadura. Fue una de las primeras en acercarse a la Iglesia del Carmen. Cuando era capellán militar, el cura Julio Metz otorgó permiso a las primeras madres que buscaban a sus hijos, que habían sido secuestrados por los grupos de tareas. En 1977, Elba Benítez de Goiburú fue hasta la casa de Amanda Mayor y la invitó a reunirse en esa parroquia. Lo mismo hizo con Clara Fink. A ellas, se sumó María Antonia.
Y recordaba: “Fui a visitar a Elba Goiburú, cuyo marido estaba desaparecido, para ofrecerle solidaridad. Allí, en su casa de calle Colón casi esquina Corrientes, se formó la comisión. Nos reuníamos una vez por semana. Durante la primera época de la dictadura nos encontrábamos en la Iglesia del Carmen con el permiso del padre Metz. El grupo era reducido, había temor, pero no obstante se fueron sumando. También teníamos socios adherentes, que colaboraban con una cuota mensual y ese ingreso nos permitía ayudar con los pasajes a los familiares de presos recluidos en el sur. Los visitábamos llevando material de lectura, alimentos, artículos de higiene personal”.
La mujer reconocía que “fueron épocas bravas pero tengo lindos recuerdos, por la solidaridad de la gente, que nunca nos rechazó. La Liga estuvo más activa durante la dictadura. Después, muchos de sus militantes, por cuestiones familiares, desistieron de las reuniones. Continuamos con la democracia pero parecía que habíamos bajado los brazos, se podía respirar”, aunque también admitía que “aprecié más la democracia cuando la perdimos”.
Un hondo pesar generó el fallecimiento de la incansable luchadora María Antonia Goñi de Lobariñas (foto). Aunque oriunda de la provincia de Buenos Aires, vivió gran parte de su vida en Paraná, donde integró el primer grupo de madres que comenzó a reunirse en la Iglesia del Carmen, integró también la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y hace unos días su nombre apareció entre los candidatos a convencionales constituyentes del Frente Amplio para la unidad Latinoamericana (FRAL), con el menor de sus hijos, Guillermo.El fallecimiento de María Antonia se produjo el sábado 15 de septiembre en Paraná. Tenía 88 años y aunque había nacido en Mercedes -donde cursó sus estudios primarios y secundarios, en el seno de una familia de raigambre vasca-, desde 1947 vivía en la capital entrerriana.
“Cuando empezó la dictadura sentí la necesidad de hacer algo. Antes no tenía militancia, pero ya mis ideas eran socialistas, estaba concientizada e informada. Yo era muy creyente me habían educado en un colegio de monjas, pero tenía un primo abogado y socialista, que empezó a pasarme literatura y me convenció. Realmente, asumí el socialismo como parte de mi creencia cristiana. Yo veía que el cristianismo tenía mucho de socialismo. Manolo (su esposo Manuel Luis Lobariñas, oriundo de Galicia y llegado al país con 16 años en 1935), que era republicano, hizo su aporte con material sobre la guerra civil española. Más me convencí. Las ideas políticas fueron las primeras que nos unieron, nos entendimos muy bien”, contó Lobariñas hace unos años.
Tal vez eso la acercó a militar por los derechos humanos durante la dictadura. Fue una de las primeras en acercarse a la Iglesia del Carmen. Cuando era capellán militar, el cura Julio Metz otorgó permiso a las primeras madres que buscaban a sus hijos, que habían sido secuestrados por los grupos de tareas. En 1977, Elba Benítez de Goiburú fue hasta la casa de Amanda Mayor y la invitó a reunirse en esa parroquia. Lo mismo hizo con Clara Fink. A ellas, se sumó María Antonia.
Y recordaba: “Fui a visitar a Elba Goiburú, cuyo marido estaba desaparecido, para ofrecerle solidaridad. Allí, en su casa de calle Colón casi esquina Corrientes, se formó la comisión. Nos reuníamos una vez por semana. Durante la primera época de la dictadura nos encontrábamos en la Iglesia del Carmen con el permiso del padre Metz. El grupo era reducido, había temor, pero no obstante se fueron sumando. También teníamos socios adherentes, que colaboraban con una cuota mensual y ese ingreso nos permitía ayudar con los pasajes a los familiares de presos recluidos en el sur. Los visitábamos llevando material de lectura, alimentos, artículos de higiene personal”.
La mujer reconocía que “fueron épocas bravas pero tengo lindos recuerdos, por la solidaridad de la gente, que nunca nos rechazó. La Liga estuvo más activa durante la dictadura. Después, muchos de sus militantes, por cuestiones familiares, desistieron de las reuniones. Continuamos con la democracia pero parecía que habíamos bajado los brazos, se podía respirar”, aunque también admitía que “aprecié más la democracia cuando la perdimos”.
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