viernes, 28 de septiembre de 2007

Piden que se eleve a juicio oral la causa contra ocho represores de El Vesubio

El fiscal federal Federico Delgado solicitó elevar a juicio oral la causa contra ocho represores que actuaron en el centro clandestino de detención conocido como El Vesubio, durante la última dictadura militar. Están imputados por alrededor de 160 privaciones ilegales de la libertad, torturas y más de una docena de homicidios agravados por alevosía. Por ese lugar pasó la entrerriana Blanca Angerosa (foto), desaparecida desde marzo de 1978, cuando tenía 20 años y estaba embarazada de cuatro meses.
En un dictamen de 52 carillas presentado al juez Daniel Rafecas, el fiscal expresó que quiere sentar en el banquillo de los acusados al ex mayor del Ejército Pedro Durán Sáenz, jefe del centro clandestino de detención El Vesubio; al ex general Héctor Gamen; el ex coronel Hugo Pascarelli y los ex penitenciarios Ramón Erlan, José Paraguayo Maidana; Roberto Sapo Zeolitti; Diego Palacio Chemes y Ricardo Pájaro Martínez.
Los ocho represores se encuentran procesados por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Se les imputan alrededor de 160 privaciones ilegales de la libertad, torturas y más de una docena de homicidios agravados por alevosía.
Los hechos por los cuales Delgado efectuó su pedido se ventilan en la megacausa en la que se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos en la órbita del Primer Cuerpo de Ejército, y fue reabierta tras la derogación y posterior declaración de nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final.
En su escrito, el fiscal explicó “la gravedad de los hechos, la carga de violencia que entrañan y la particularidad de que la actividad delictiva se llevó a cabo desde las estructuras de las instituciones a través de las que se expresa el Estado Nacional”, al tiempo que recordó que el centro clandestino “donde reinaba el terror” estaba emplazado “irónicamente en un lindo terreno, con grandes eucaliptos” y la finca agrupaba tres viviendas “todas en una sola planta y con aspecto colonial derivado de las rejas, el color blanco de las paredes y las arcadas de la fachada”.
El centro clandestino de detención conocido como El Vesubio funcionaba en el camino de cintura y cruce de la Autopista Ricchieri (Puente 12). Por ese lugar pasó la entrerriana Blanca Estela Angerosa. Oriunda de Gualeguaychú, la militante montonera fue secuestrada el 3 de marzo de 1978 en La Tablada. Entonces tenía 20 años y estaba embarazada de cuatro meses. Fue vista en el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 y en El Vesubio hasta agosto de 1978. Ella y su hijo permanecen desaparecidos.

Fuente: Télam.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Este viernes se presenta en Paraná el libro “Nosotras, presas políticas”

“…Tendría que ser insoportable
no abrir la puerta para desperezar
en la vereda.
Comprobar inconscientemente
que hasta la esquina hay
treinta metros, cuatro casas, cinco árboles
…Amanece
saboreo el regusto por la calle
que me espera…”.


Este viernes se presenta en Paraná el libro Nosotras, presas políticas, una obra colectiva de 112 prisioneras políticas que cumplieron su detención en el penal de Devoto entre 1974 y 1983. Algunas de ellas estarán este viernes a las 21 en el Centro Cultural La Hendija (Gualeguaychú 171).
Más de 100 ex presas políticas aportaron sus testimonios para dejar plasmado en esta obra uno de los aspectos de la historia reciente de la Argentina, que junto al recuerdo de los que desaparecieron y no lograron sobrevivir al genocidio, constituyen una de las herramientas necesarias para sostener la lucha de los organismos defensores de Derechos Humanos bajo la consigna de memoria, verdad y justicia.
La obra contiene cartas, dibujos, reflexiones y anécdotas de la vida en cautiverio de las militantes políticas desde antes y durante la dictadura cívico-militar.
La Asociación de Familiares y Amigos de Desaparecidos Entrerrianos y en Entre Ríos (AFADER), convocan a toda la comunidad a acompañar este verdadero testimonio de lo que significó la represión en el marco de un gobierno autoritario que castigó el disenso con el encierro, la tortura y el desprecio por el más elemental de los derechos humanos, “el derecho a pensar”.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Detuvieron a nueve policías chaqueños por secuestros y torturas durante la dictadura

La Justicia chaqueña ordenó la detención de nueve policías imputados por violaciones a los derechos humanos, entre ellos Horacio Alberto Valussi, acusado del secuestro y torturas de los entrerrianos María Julia Morresi y Fernando Gabriel Piérola (foto) -luego fusilado en la Masacre de Margarita Belén-. Los arrestos fueron dispuestos en el marco de una causa reabierta en 2002 en la que también existen acusaciones contra los fiscales federales Carlos Flores Leyes y Roberto Domingo Mazzoni, denunciados como cómplices de la dictadura.
La medida fue dispuesta por el conjuez federal Juan Antonio Piñero en el marco de la denominada “Causa Caballero”, en la que se investigan torturas y desapariciones de personas cometidas por la patota de la Brigada de Investigaciones entre 1974 y 1979. Los arrestados son los policías chaqueños Ramón Esteban Meza, Héctor Osmar Ramón Escobar, Enzo Breard, José Marcos Marín alias Cabo Sotelo, Evangelino Baltazar García, Alfredo Abate y Alfredo Julio Manetti.
También se ordenó la detención del suboficial retirado de la Policía Federal, Horacio Alberto Valussi y del agente del Servicio de Inteligencia del Ejército y Luís Alberto Patetta, aunque ambos ya estaban presos. En el caso de Valussi, se encuentra con prisión domiciliaria imputado por el secuestro en Misiones y las torturas a que fueron sometidos los paranaenses María Julia Morresi y Fernando Gabriel Piérola; mientras que Patetta se encuentra en la Base de Apoyo Logístico del regimiento de Resistencia, procesado como autor de la Masacre de Margarita Belén en la que fueron asesinados una veintena de presos políticos, entre ellos Piérola y los también entrerrianos Raúl Caire y Reinaldo Zapata Soñez.
Según testimonios de sobrevivientes de la Brigada de Investigaciones, el Cabo Sotelo, como se hacía llamar Marín, era quién tocaba el bandoneón durante las sesiones de torturas y hacía que los detenidos bailaran con su música mientras eran torturados otros presos y antes de ser sometidos ellos mismos a tormentos.
La “Causa Caballero” fue reabierta en 2002 y ya estaban detenidos Lucio Caballero, Gabino Manager, Ramón Gandola, José Francisco Rodríguez Valiente y José María Cardozo, que podrían ser sometidos a juicio oral y público en los próximos meses. Además, en esa causa hay planteos para que se cite a prestar declaración indagatoria a los fiscales federales Carlos Flores Leyes y Roberto Domingo Mazzoni, denunciados por ex detenidos y organismos de derechos humanos como partícipes de los crímenes de lesa humanidad.

martes, 18 de septiembre de 2007

Falleció María Antonia Lobariñas

Un hondo pesar generó el fallecimiento de la incansable luchadora María Antonia Goñi de Lobariñas (foto). Aunque oriunda de la provincia de Buenos Aires, vivió gran parte de su vida en Paraná, donde integró el primer grupo de madres que comenzó a reunirse en la Iglesia del Carmen, integró también la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y hace unos días su nombre apareció entre los candidatos a convencionales constituyentes del Frente Amplio para la unidad Latinoamericana (FRAL), con el menor de sus hijos, Guillermo.
El fallecimiento de María Antonia se produjo el sábado 15 de septiembre en Paraná. Tenía 88 años y aunque había nacido en Mercedes -donde cursó sus estudios primarios y secundarios, en el seno de una familia de raigambre vasca-, desde 1947 vivía en la capital entrerriana.
“Cuando empezó la dictadura sentí la necesidad de hacer algo. Antes no tenía militancia, pero ya mis ideas eran socialistas, estaba concientizada e informada. Yo era muy creyente me habían educado en un colegio de monjas, pero tenía un primo abogado y socialista, que empezó a pasarme literatura y me convenció. Realmente, asumí el socialismo como parte de mi creencia cristiana. Yo veía que el cristianismo tenía mucho de socialismo. Manolo (su esposo Manuel Luis Lobariñas, oriundo de Galicia y llegado al país con 16 años en 1935), que era republicano, hizo su aporte con material sobre la guerra civil española. Más me convencí. Las ideas políticas fueron las primeras que nos unieron, nos entendimos muy bien”, contó Lobariñas hace unos años.
Tal vez eso la acercó a militar por los derechos humanos durante la dictadura. Fue una de las primeras en acercarse a la Iglesia del Carmen. Cuando era capellán militar, el cura Julio Metz otorgó permiso a las primeras madres que buscaban a sus hijos, que habían sido secuestrados por los grupos de tareas. En 1977, Elba Benítez de Goiburú fue hasta la casa de Amanda Mayor y la invitó a reunirse en esa parroquia. Lo mismo hizo con Clara Fink. A ellas, se sumó María Antonia.
Y recordaba: “Fui a visitar a Elba Goiburú, cuyo marido estaba desaparecido, para ofrecerle solidaridad. Allí, en su casa de calle Colón casi esquina Corrientes, se formó la comisión. Nos reuníamos una vez por semana. Durante la primera época de la dictadura nos encontrábamos en la Iglesia del Carmen con el permiso del padre Metz. El grupo era reducido, había temor, pero no obstante se fueron sumando. También teníamos socios adherentes, que colaboraban con una cuota mensual y ese ingreso nos permitía ayudar con los pasajes a los familiares de presos recluidos en el sur. Los visitábamos llevando material de lectura, alimentos, artículos de higiene personal”.
La mujer reconocía que “fueron épocas bravas pero tengo lindos recuerdos, por la solidaridad de la gente, que nunca nos rechazó. La Liga estuvo más activa durante la dictadura. Después, muchos de sus militantes, por cuestiones familiares, desistieron de las reuniones. Continuamos con la democracia pero parecía que habíamos bajado los brazos, se podía respirar”, aunque también admitía que “aprecié más la democracia cuando la perdimos”.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Ocho represores fueron detenidos en Goya por crímenes cometidos durante la dictadura

Ocho represores fueron detenidos la última semana acusados por privaciones ilegitimas de la libertad, torturas y desapariciones forzadas de personas durante la última dictadura militar en la localidad correntina de Goya. Allí fue secuestrada la docente entrerriana Elida Goyeneche (foto), el 12 de enero de 1978.
El jueves 14 de septiembre fueron detenidos el agente de la Policía Federal Francisco José Molinari, en Resistencia; y el oficial del Ejército Alberto Tadeo Silveira Ezcamendi, en Goya. Las detenciones habían sido ordenadas por el juez federal de Corrientes, Carlos Vicente Soto Dávila, en el marco de las investigaciones por crímenes de la dictadura que se cometieron en Goya. En la causa ya estaban presos los policías retirados Dermidio Ramón Romero, Juan Antonio Obregón y Romualdo del Rosario Baigorria, de Goya; el oficial retirado de la Prefectura Naval Luis Leónidas Lemos, de Goya; Juan Ramón Alcoverro, del Ejército y el médico goyano Roberto D’Amico, quien cumple con arresto domiciliario por un cuadro médico.
La investigación se iniciada en 2005 a partir de las declaraciones testimoniales de un suboficial del Ejército que presenció torturas contra el maestro Horacio Pezzelato. Inmediatamente se realizó una inspección ocular en los predios utilizados por la dictadura en Goya, ubicados en el Campo Hípico del Ejército; la denominada Casa de los murciélagos, que era un antiguo puesto policial de control caminero en dirección al Puerto de Goya; la Compañía de Telecomunicaciones 121 y la Compañía de Ingenieros 7.
Las detenciones en Goya, Resistencia y la capital correntina resultan un importante avance en la causa que tiene como querellantes a los abogados Ramón Leguizamón y Juan Felipe Rajoy, así como el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luís Duhalde. Además, el subsecretario de Derechos Humanos de la provincia, Pablo Vassel, está colaborando con la búsqueda e identificación de desaparecidos que realiza el Equipo Argentino de Antropología Forense.
En la misma causa se investiga también la desaparición de Elida Olga Goyeneche. La docente y estudiante de medicina entrerriana fue secuestrada el 12 de enero de 1978, delante de sus hijos y de su madre, a las cinco de una tarde calurosa de verano en el Club Doña Goya, un balneario ubicado sobre el río Paraná, en la ciudad correntina. Desde ese día, nadie volvió a verla, aunque se sospecha de su paso por el Club Hípico. Un año antes, había recibido un duro golpe cuando fuerzas policiales se llevaron a su esposo Pedro Sobko, en Paraná, adonde ambos habían sido enviados por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

domingo, 16 de septiembre de 2007

Editorial

“(…) No tuvimos sus cuerpos, no pudimos tocarlos,
no nos dieron siquiera el derecho a enterrarlos.
Nadie escribió sus nombres, nadie quería nombrarlos.
Fueron parte del viento, de la lluvia, del aire
y pasaron los años. Recién hoy aceptaron
que mostremos sus nombres, que podamos tocarlos (…)
(…) Pero ahora tenemos un lugar en la plaza,
un rincón para el sueño,
un pedazo de tierra que acunaron los brazos.
Es altar redivido, no es la tumba de un muerto,
ya podemos decirles que después del silencio,
florecieron sus nombres con mil cantos de pájaros”.

Amanda Mayor


16 de septiembre. Por medio de este Boletín, nos presentamos, o mejor, nos re-presentamos, porque hoy hace ya doce años que existimos, doce años desde aquella inauguración del tan esperado y emblemático Monumento a la Memoria, con el que Amanda Mayor honró la lucha de nuestros desaparecidos.
Luego de un parto con complicaciones, nacimos el 16 de septiembre de 1995. Y no por casualidad. La fecha, esa fecha, fue escogida para recordar la Noche de los Lápices, porque muchos de nuestros desaparecidos eran estudiantes secundarios. Eran chicos que recién habían dejado sus delantales, con la ternura de la infancia en el rostro y la utopía de la adolescencia en el alma.
Y entonces comenzamos a ver, como en ese monumento, que nació 29 años después, la silueta de un muchacho (que ya no estaba) y que se transformó en 30.000, detrás de una reja; seguido por la silueta convertida en fantasma, con las rejas rotas; y la madre dolorosa a sus pies, que se transformó en padres, hermanos, amigos, compañeros.
Muchas cosas vivimos desde aquel 24 de marzo de 1976, o desde aquel 20 de marzo de 1975 en que fue secuestrado Pichón Sánchez, primer desaparecido entrerriano, o desde la Masacre de Trelew, en 1972: secuestros, torturas, desapariciones forzadas, asesinatos; hasta que la llegada de la democracia nos fue devolviendo a quienes estaban “legales” en las cárceles y comenzamos a saber cada vez más de los desaparecidos, de los centros clandestinos de detención y de las mujeres embarazadas que dieron a luz en cautiverio a bebés que hoy son los desaparecidos vivos en manos de genocidas.
Y allí comenzó a asomar esa Argentina que llevaba sobre los hombros la leyenda Nunca Más; y la justicia con la mano levantada como única esperanza, esa que inició el juicio a los genocidas. Y allí estaba también la madre bandera, representando a esas madres que nacieron del dolor para crecer en lucha, tomando las banderas de nuestros muertos y creando sus propias banderas para exigir memoria, verdad y justicia. Hasta que esa justicia se tiñó de oscuridad con las leyes de punto final y obediencia debida. Igual no fue suficiente.
Hubo marchas, protestas y reclamos, pero la respuesta fue más impunidad con los indultos. Quedamos entonces desnudos.
Y los genocidas volvieron a la calle, a caminar nuevamente entre nosotros sabiendo donde están los desaparecidos y callando.
Y no fue allí, sino mucho antes que apareció la madre bandera, una escultura fuerte que representa a todos quienes nacieron del dolor para crecer en lucha y miran de frente sobre una verdad que no permiten que se oculte y a quienes no bajaron los brazos, siguieron luchando y se juntaron para decir presente para decir que no era pasado lo que seguía sucediéndonos a todos, tomando las banderas de nuestros muertos y creando sus propias banderas para exigir memoria, verdad y justicia. Porque no saber la verdad, no saber donde están, permite que se continúe con el genocidio cada día.
Y un día, gracias a esa lucha comenzaron a aparecer: Silvia Wollert, Carlos Pargas, Beto Osuna y volvieron a ser quienes eran con cada identificación. Les volvimos a dar nombre y apellido a esos cuerpos, que es también en algún sentido recuperar su vida, su historia y una oportunidad menos de impunidad. Y en ese aparecer volvieron a la vida en anécdotas y en la posibilidad de un entierro digno, como digna fue su lucha.
Y entonces soplaron otros aires, nuevos y renovados vientos de cambio. Y cayó la impunidad. Y algunos genocidas volvieron a estar entre rejas.
Se reabrieron causas, se iniciaron juicios. Pero entonces desapareció Jorge Julio López. Pudimos hacer carne eso que sabíamos que sucedía. Que el aparato represivo de la dictadura sigue funcionando, que aún muchos asesinos siguen impunes, caminando por las calles y muchos se mueren sin tener un juicio justo, esa oportunidad que hoy tienen y que nuestros muertos y desaparecidos no tuvieron. Julio López nos devolvió a la calle con consignas que pensábamos caducas, pero que hoy resuenan con la misma vigencia de antes. ¡Aparición con vida ya!

Paloma y Laurel

Por Luis Pirro (*)

Nos conocimos a los 15 años. Seguramente la persona más carismática que había conocido hasta ese entonces en mi corta edad. Luego la vida me haría saber que Luis Alberto Bicho Fadil formaba parte de un grupo de adolescentes particularmente inteligentes y con capacidades de liderar transformaciones sociales. Nada más y nada menos. Era evidente la emergencia y la necesidad política de tomar posiciones y protagonismo en el contexto de un país desquiciado por dictaduras, traiciones oligárquicas y manipulaciones imperialistas y de una democracia naciente en 1973, marcada histórica y tristemente por la masacre de Ezeiza.
De una mente brillante, gran lector, humanamente sensible y extraordinario compañero.
Carismático, decía, por la forma de acercarse a los demás, por el atractivo que generaba su personalidad multifacética y por una capacidad discursiva que incluía la sencillez, la simpleza, el ingenio y la agudeza, poniendo a prueba constantemente y sin proponérselo la altura de su interlocutor.
Me pregunto cómo escribir una pequeña semblanza donde quede registrado lo verdadero, sin caer en lugares comunes, con el riesgo que no se perciba la intención del escrito.
Me pregunto cómo escribir sin que los recuerdos rocen la melancolía. Y no es lo que quiero en este momento. Quiero decir que el Bicho Fadil no debe quedar sólo como un recuerdo. Debe volver.
Debes volar, debes volver, al nido tibio del atardecer…
Paloma y Laurel. Una canción de nuestra época, más precisamente un retumbo con letra de Armando Tejada Gómez y música de César Isella. Una canción pegadiza para él y que canturreaba permanentemente mientras caminaba, en los campamentos, en las reuniones.
Su paso largo y seguro, sus brazos largos y abiertos, su abrazo fraterno y su gran amabilidad y don de gente y su compromiso revolucionario y transformador hacían imposible no querer seguir su destino.
Cuando decidimos ampliar los horizontes de nuestra incipiente organización política en la escuela secundaria, fuimos a una reunión donde conocí a Eduardo Mencho Germano.
Un mechón de pelo rubio tipo bucle sobre la frente y una esencia de trasgresor innato que le salía por los poros de la piel. Incontenible. Fundamentalmente político. Otra cabeza brillante, increíble. Una persona excelente desde lo humano, solidario, contenedor. Con una capacidad política también innata en su manera de escuchar y de intervenir en las necesidades grupales.
Ameno, agradable, entrador y permanentemente desafiando los límites de cualquier situación. Había que tener con qué, por supuesto. Y él lo tenía.
Cómo se conjugaron esas personalidades, más la de los otros compañeros militantes. Cuántos chicos brillantes. Mario Menéndez. Otro grande.
Con Mario compartimos muchas cosas: escuela, estudio, militancia.
Mario era gigante. Sus concepciones y su manera de analizar la realidad y su capacidad intelectual y humana, sumado a su convicción inquebrantable, lo hacían una persona sólida en todo sentido. Otro líder por naturaleza.
Con el tiempo me di cuenta lo que fue esa yunta.
El trío Bicho-Mencho-Mario era tan contundente como la realidad. Era un trío fundante.
Fundaron no sólo la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y la conciencia colectiva en el estudiantado. Fundaron una manera de entender e intervenir en la realidad política argentina para todos los adolescentes secundarios de esa época en Paraná. Eran líderes naturales, necesarios.
Fundaron en los otros la alegría que se desprende de la identidad.
Me pregunto cómo escribir una semblanza sin caer en lugares comunes, con el riesgo que no se perciba la intención del escrito.
Me pregunto cómo escribir sin que los recuerdos hagan estragos en la melancolía. Y no es lo que quiero en este momento. Quiero decir que el Mencho Germano debe volver. Quiero decir que Mario Menéndez debe volver.
Debes volar, debes volver, al nido tibio del atardecer… Una canción pegadiza para todos, una necesidad de cantarla una y otra vez, una necesidad de que vuelvan una y otra vez a decirnos quiénes somos estos tres pibes de oro.
Porque parece que no lo sabemos todavía y esta sociedad quebrada en su identidad y en su convicción, está a punto de querer olvidar todo el tiempo.
Me pregunto cómo escribir una pequeña semblanza que deje registrada una parte de la verdad. La verdad que tres grandes compañeros revolucionarios y transformadores nos enseñaron. La verdad de quiénes eran ellos. Una pequeña semblanza, un trazo, un borde, una figura, una impronta, un rasgo de sus personalidades, una anécdota. Un segundo de sus vidas que quede grabado en el papel.
Recuerdo una reunión en un aula o salón en la Iglesia San Antonio. Bicho pedía el lugar para supuestas reuniones de grupos religiosos. Por supuesto que eran reuniones políticas. En una oportunidad, en medio de la reunión, se siente ruido y era uno de los sacerdotes o encargados del lugar, entonces el Bicho, para disimular, nos pide que cantemos una canción religiosa. Nadie se acordaba de ninguna. De pronto, me acuerdo de una y empiezo a cantar. La letra decía: “Venid y vamos todos con flores a María, con flores a María que madre nuestra es”. Los compañeros se doblaban en dos para disimular la risa. Mario no podía disimular, pero el Bicho, mientras cantaba aprendiendo la letra que yo iba largando, los miraba a todos como diciendo: “No sean boludos“. El Mencho, preocupado por esconder el material bibliográfico con leyendas de Montoneros y JP, y con cara de circunstancia y sin poder seguir la letra, comenzó a hacer palmas. El cuadro era patético. Nos divertimos mucho después de eso y quedó como una anécdota tonta, pero definitivamente grabada en nosotros. Por ese hecho, y por la forma en que cantaba ya que era el único que lo hacía claramente y en voz alta, el Bicho me bautizó como El Monaguillo, un apodo que duró un par de meses.
Recuerdo haber caminado con ellos por la calle en momentos difíciles.
Con Bicho, un año antes que lo mataran, cuando nos despedíamos antes que se fuera a Santa Fe. Eso fue en septiembre de 1975. Con Mencho caminamos en Rosario poco antes de su desaparición en noviembre de 1976. Hacía un mes que lo habían matado a Bicho y hablamos mucho de eso con Eduardo. Lo mismo pasó después con Mario, en junio de 1977, antes de su desaparición.
Quiero decir que nos encontramos en Rosario y hablamos de todo, y de los compañeros que ya no estaban, y los presos, y el futuro.
Ahora me doy cuenta que después de Mario ya no pude hablar más con nadie. Fue mi último interlocutor.
Ahora me doy cuenta de la primera frase del párrafo anterior, que tendría que haber terminado con un punto.
“Recuerdo haber caminado con ellos”.
Me pregunto cómo escribir con la necesidad de la memoria pero sin quedarme sólo en el recuerdo. Sin quedar pegado a la melancolía. Y no es lo que quiero en este momento. Ellos abrieron los sueños. Ellos fundaron la esperanza en nosotros de un mundo mejor.
Quiero decir Bicho, quiero decir Mencho, quiero decir Mario.
Deben volver.
Quiero seguir caminando.
Quiero seguir siendo quien soy.
Quiero seguir cantando Paloma y Laurel.

(*) Escrito el 24 de diciembre de 2006.